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Pecados convenientes

¿Te pusiste a pensar que muchas veces menguamos la gravedad o seriedad del pecado sólo porque es conveniente para nosotros?

Te voy a poner unos ejemplos: La mentira, el chisme, el rencor, la masturbación, el robo, la venganza.

En fin, podría seguir con la lista, y creo que sería casi interminable porque para cada uno de estos pecados, y otros más.

Siempre tenemos una justificación: “él me hirió primero”, “no le hago mal a nadie”, “no es fornicación”, “a mí también me roban y son sólo unas monedas”… como te dije, las justificaciones son inagotables.

Siempre que nos sentimos acorralados o decepcionados tendemos a culpar a otros o justificar nuestras malas acciones usando el razonamiento.

Sí, cómo lo leíste, racionalizamos las cosas, pensamos en que merecemos o no merecemos, que no hacemos mal a nadie o que si todos lo hacen es razonable que yo también.

La más atrevida de todas es: “era lógico que pase si ya estaba en esta situación”; así que la culpa no es tuya sino del medio, de las condiciones, de los demás y hasta de Dios.

Pero hay ciertos pecados que nos complacen, nos llenan y nos hacen sentir seguros por lo tanto nos encariñamos con ellos.

Sentimos poder y control total sobre la situación o personas cuando dejamos que ellos nos guíen y dicten que hacer.

Camuflan nuestras debilidades y dan una apariencia de autoridad y seguridad que muchos lo toman como determinación, autosuficiencia y liderazgo, pero en realidad encubre una persona débil manejada por el pecado.

Jesús habló de la seriedad del pecado en nuestras vidas, pero pareciera que espiritualizamos todo y no damos importancia a lo que Él dijo en cuanto a cómo nos afecta:

Juan 8:34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.

Con todo el respeto que te mereces, no sé cuál es el pecado que te controla. Pero hay sólo dos posibilidades o vives una vida falsa controlada por tus pecados y debilidades o dejas este cúmulo de pecados a los pies de la cruz y te arrepientes y alejas de ellos.

Dios siempre tiene un modo de restaurar tu vida y quiere hacerlo.

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