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Juzgar antes de entender

Estos días pude conocer la historia de un joven que cometió ciertos errores y en primer lugar sólo puedo decir que todos estamos expuestos a caer en cualquier tipo de falta. Y quizás digas que no estoy siendo claro al no decir pecado y utilizar la palabra error o falta. Y esto se debe que a veces las acciones no necesariamente sean un pecado sino una mala decisión que lo puede llevar a dolor y tal vez en ese camino sí cometa algún pecado. Pero pareciera que estamos más propensos a juzgar como pecado cualquier acción con la que no estamos de acuerdo o pensemos que no es conveniente.

Y justamente ese es mi punto. Solemos tomar una postura de juez y dictaminamos sentencias sin entender qué llevo a mi hermano tomar esa decisión. No podemos juzgar por las huellas que está dejando frente a nosotros porque en realidad una huella no determina todos los pasos que lo llevaron donde hoy se encuentra.

Lastimosamente nos es muy difícil tomar pasos de misericordia hacia los demás, sino que nuestra naturaleza pecaminosa (la misma que lleva a mi hermano a tomar malas decisiones) nos empuja a juzgar sin compasión y aún con total frialdad al que se ha equivocado.

Lo cierto es que cuando estamos del otro lado del mostrador, en la posición del que se equivoca, sentimos que son injustos con nosotros. Pero en definitiva es un poco de nuestra propia medicina que damos a los demás. Algunos piensan que el «pecador» debe sufrir el menosprecio para ser humillado y así producir el «quebrantamiento» y arrepentimiento. Pero muchas veces sólo provocamos dolor.

1Corintios 13 dice:

4 El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla.

Qué distante estamos muchas veces de mostrar el tipo de amor que caracteriza a Dios. Tal vez sólo replicamos el tipo de amor y trato que hemos recibido de los demás. Pero debemos reproducir el amor de Dios y no el de los hombres.

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