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El descuido

Iba por la ruta camino a la playa. De pronto vi una intersección pero no creí que era por ahí, estaba seguro que debía llegar a un cruce de rutas (ya que otras veces lo había hecho así), entonces decidí avanzar y no presté atención al cartel que indicaba por donde entrar.

Continué y no veía el cruce de rutas, seguí y seguí por 35 minutos más, hasta que pensé: «quizá estoy errado». Cuando vi una patrulla de policía y decidí preguntar. Obviamente el pequeño cartel que dejé pasar era el camino correcto, habían hecho cambios en la ruta y nunca iba a llegar al viejo cruce que tenía en mi mente. Tuve que volver 45 minutos de viaje nuevamente, todo por un simple descuido.

Cuando pasa esto, la pérdida de tiempo es lo más trágico. Tengo un amigo piloto de aviones; él me decía que en la navegación, perder el rumbo por un poco de tiempo puede ser la muerte. En tierra uno simplemente vuelve, pero en el mar o en el aire, esos minutos de descuido representan combustible que no se tendrá para regresar.

Creo que a nadie nos gusta reconocer que nos hemos equivocado, que perdimos el rumbo o no queremos preguntar la dirección. Pero es necesario volver, si estamos errados es necesario volver al camino.

El pueblo de Israel se había alejado de Dios y el Señor no quería el castigo para ellos y les decía:

Zacarías 1:3 Diles, pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos a mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos.

Dios siempre está dispuesto a salir a nuestro encuentro. Si nuestro camino estaba errado, Él está listo para darnos nuevo rumbo, correcto, si volvemos a Él. Dios no quiere nuestro mal, sino el bien. Dios quiere viajar a nuestro lado, sólo debemos volvernos a Él.

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