Saltar al contenido

Cuestión de peso

Cuando era un niño mi hermano Daniel siempre me hacía un chiste y como no entendía bien la pregunta yo terminaba cayendo en él. Y la pregunta era: ¿Qué pesa más, un kilo de plomo o un kilo de plumas?

La respuesta obvia para mí era que la pluma pesaba menos que el plomo. Yo siempre consideraba el material y no el peso. Ambos materiales tenían el mismo peso aunque fueran diferentes.

A veces nosotros consideramos al pecado por su material y no por su peso. Creemos que adulterar es un pecado grave, pero que murmurar no lo es; pensamos que robar es un delito que merece ser disciplinado, pero mentir no tiene mucho de malo, que hay mentiras blancas o que se miente por necesidad; bueno si lo vemos de ese lado robar también es por necesidad, por dar comida a los hijos argumentan algunos. Un viejo refrán alemán dice: “El que miente roba y el que roba mata”. Si uno miente estará dispuesto a robar, y si roba es capaz de matar, una cosa lleva a la otra.

El punto es que no vemos el peso del pecado, sólo vemos el material, el hecho. Dios dice en su Palabra: “la paga del pecado es muerte”. Dios no dice que va a castigar el pecado grave o el pecado que parece ser más pesado, dice “del pecado” no importa cuál. El pecado no se basa en nuestra perspectiva sino en la de Dios. Es a Él a quien ofende mi pecado, Él determina que es y no es pecado. Cuando veo las razones por la que una persona peca o yo mismo peco siempre encuentro justificaciones: no tengo dinero, estaba en problemas, mi pareja no me respeta, mis padres me maltrataron, siempre hay una excusa.

Dios reclamó al pueblo de Israel por su pecado, pero para ellos no parecía que habían pecado, fíjense en todo el libro de Malaquías; una y otra vez Dios les dice: «yo les amé y ustedes pecaron contra mí» y el pueblo respondía: “¿En qué nos amaste? ¿En qué te hemos deshonrado? ¿En qué te hemos robado? El pueblo siempre tuvo una respuesta a los reclamos de Dios, siempre hubo una excusa, siempre dijeron: “pero esto no es tan malo, estás exagerando Dios”.

Malaquías 1:6  El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?
1:7  En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable.

Si decimos que amamos a Dios, honramos a Dios, que queremos exaltar su Nombre, vivíamos de tal manera, llamemos las cosas como son, que el pecado sea reconocido como pecado, confesado como pecado y limpiado en la sangre de Cristo; no acariciemos el pecado y juguemos con él, no lo maquillemos de buenas intenciones. Que un kilo de pecado sea eso: “un kilo”, no importa de cuál pecado pero que tenga el peso real, el mismo peso que tiene para Dios. Porque Él pagó el mismo precio, la sangre de su Hijo Jesucristo.

Publicado enBlog