La lucha más dura

By 20 Marzo, 2017Blog

Siempre se nos dijo que la vida es una lucha que debemos saber pelearla, pero que la debemos pelear solos. Sí, es verdad que en muchas de ellas están cerca nuestros amigos y familiares para ayudarnos y eso nos da el valor para continuar, pero hay ciertas peleas que nos toca hacerles frente de forma individual. Es más, si no fuera así no podríamos madurar y crecer.

Debemos aprender a luchar contra las diferencias sociales, educativas y económicas, contra la crítica y la oposición en cada proyecto que emprendemos, luchar en el área sentimental y emocional, hasta quizás con algún brabucón que nos persigue, pero… ¿esto es realmente una gran lucha?, no niego que la lucha es real al igual que el dolor que ella provoca, pero, ¿es determinante en nuestra vida?.

Creo que las peores luchas no son los de afuera que en definitiva sólo molestan, sino con uno mismo, con el desánimo, el pecado y la cobardía, el orgullo y la arrogancia; luchamos con la forma de vernos, tenemos un gran problema con la manera en que nos calificamos y por lo general es muy por debajo de lo que realmente somos. Porque puedes tomar la actitud de que no te importe lo que digan los demás pero es difícil luchar con uno mismo.

Este tipo de lucha nadie lo ve ni lo percibe, quizás en algunos casos se vuelve visible por el tipo de reacción y conducta que se toma; los jóvenes asociándose con algún tipo de tendencia de moda o tribu urbana, la música o los tatuajes; pero en la gran mayoría es un lucha que se lleva en el corazón, que se desata en los momentos de soledad, antes de dormir o cuando te estás duchando, cuando estás solo y tus pensamientos te avasallan, es ahí donde puedes ser realmente tú y te quiebras y lloras, y preguntas si siempre será así tu vida.

La pregunta es justamente esa: “¿Tiene que ser así mi vida?”, bueno la verdad no, pero hay que reconocer que es difícil luchar contra uno mismo. Pablo decía a Timoteo: 1Timoteo 4:16 “Ten cuidado de ti mismo…”. Cuando nos dejamos vencer por nuestros propios temores y deseos nos consumimos y casi nadie puede ayudarnos.

Digo casi nadie, porque sí hay Alguien que puede sacarnos de ese pozo de decadencia personal, pero no quiero hablar de Jesús como si fuera una parche para todos mis males; Dios puede sanar cualquier corazón y restaurar aún la vida más destruida, pero para que eso suceda tiene que haber un paso inicial de nuestra parte.

Cuando el pueblo de Israel entró en la Tierra Prometida tuvo que cruzar el Río Jordán, pero tuvo que mojarse los pies para que éste se abriera, cuando Eliseo quiso cruzar el mismo río tuvo que golpear con su túnica para que se abriera del mismo modo, no sé si captas la ida, siempre tiene que haber un paso de fe; el poder de Dios ya está a tu disposición pero es tu voluntad a confiar en Él la que se debe activar.

La mejor manera de ganar la lucha contra ti mismo, es rindiéndote al poder de Dios y el control de su Espíritu. Es quitar las manos de lo que estás haciendo y dejar que Él tome el control y lo lleve donde sea necesario. Debes comenzar por reconocer cuáles son tus pecados, tus debilidades, tus fallas y admitirlas, hacerte responsable de ellas y de sus consecuencias y que tu debilidad ahora sea tocada y transformada por el poder de Dios.

Seamos prácticos, haz una rápida evaluación de tus habilidades y fortalezas, no todo en ti es malo. Mira cuántas cosas buenas tienes, cómo te hizo Dios. Piensa en algo que te gusta hacer y ponle una fecha a tu calendario para realizarlo; invita a un amigo o amiga a que pueda ser parte de tus experiencias y recreaciones. Ahora toma esas cosas que sabes que te desaniman o te hacen llorar y de una forma consciente ponlas delante de Dios, sé que volverán lo pensamientos que te lastiman pero una y otra vez, no importa cuántas veces vengan a ti, nuevamente ponlas delante de Dios. Él sabe cómo tratar con ellas, pídele a Dios que quite de tu mente el recuerdo y dolor de esos momentos y frustraciones y que te de una nueva oportunidad de hacer algo diferente. Deja que Dios te moldee, que su Espíritu tome el control de tus sentimientos y emociones; acepta que hay cosas que perdiste, personas que ya no estarán o actividades que no las volverás a hacer, pero que hay una nueva forma de vivir con Dios. No dejes que tus malas experiencias determinen tu vida, sino que ellas sean las que te recuerden que no siempre se gana y que hay que aprender de los errores.

Por último, habla de esto con alguien; sí, comencé diciéndote que hay luchas que debes pelear solo, pero eso no quiere decir que no debas hablar con alguien para que te ayude a sanar las heridas y fortalecer el ánimo. No estás solo, Dios está cuidándote; no estás desamparado, Él puso personas como yo a tu lado para que te levantes; no estás destruido, su poder se perfecciona en tu debilidad. Está vida debes lucharla y tienes todo de tu lado para ganarla, sólo debes comenzar a poner en acción la voluntad de ver el poder de Dios sobre tu vida.

Author nel

Argentino, nacido el 01 de agosto del '77, obvio! 1977. Casado con Esther Logacho. Padre de Ariel David, nuestro pequeño León de Dios y de Lucas Nicolás el que Resplandece. Ambos son nuestro mayor tesoro. Trabajo como misionero en Quito Ecuador desde el año 1999 y en 2006 fundé Comisión Juvenil, una misión evangélica que tiene el sueño de entrenar a jóvenes en diferentes áreas de ministerio en la iglesia local para fundar nuevas iglesias. Amamos a Dios profundamente y nos dedicamos a Él por completo. Comparte sus reflexiones en su blog personal www.notansimple.com desde 2011. Hoy trabaja en LA BIBLIA DICE y Vamos Juntos coordinando eventos y contenidos de estudios, devocionales y recursos bíblicos digitales.

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