La altura determina todo

By 22 junio, 2016Blog

Un día el zorro se levantó de su guarida, se asomó cautelosamente por el pequeño hueco junto al camino, justo detrás de esos arbustos. Miró y corrió hacia el trigal, buscaba como siempre algún nido de perdiz para robar algunos huevos. Caminaba y caminaba, pero sólo veía trigo y más trigo. Quizá para muchos una vista hermosa pero para él, solamente era su entorno, acostumbrado a ver siempre lo mismo.

Llegó a un pequeño claro en medio del pajar de trigo, una marca hecha por algún vehículo de los trabajadores, se acostó y suspiró, autocompasivo por su situación, lamentándose no tener más nada que hacer, siempre lo mismo. Miraba hacia arriba y todo era azul, el cielo parecía abierto de par en par, pocas nubes interrumpían el manto azul haciendo figuras extrañas. Hacia el frente sólo un dorado pajar, algunos insectos y el sonido del viento silbando entre las delgadas varillas de trigo. Y debajo suyo el suelo, nada especial. Su tristeza le hacia ver todo cada vez más desolado, solitario. A pesar de la belleza de lo que le rodaba, la soledad hacía mellas en su alma triste. Hoy no es un buen día para salir, suspiró; y escuchó la voz de alguien que le hablaba entre el trigo.

–    Si vieras lo que yo veo no dirías lo mismo.
–    ¿Quién está ahí? – preguntó con voz firme pero temeroso.
–    Aquí arriba, a tu derecha – respondió.
–    ¿Quién eres? O mejor dicho ¿Qué eres?
–    Un espantapájaros.
–    Y ¿Qué haces allí colgado?
–    Nada, sólo miro y al mismo tiempo espanto a los pájaros.
–    Eso no parece ser muy divertido, no entiendo que ves de bueno.
–    Desde aquí todo se ve bien, los dorados campos se mueven por el viento, es como estar en un mar ondulante y fresco.
–    Yo no veo nada de eso, esto es simplemente trigo, nada especial y no se mueve nada, creo que tanto sol te hizo perder la razón.
–    Disculpa pequeño amigo, pero no todo es como tú lo ves. Te escuchaba quejarte de lo infortunado de tu día, y no todo en la vida es así.
–    Eso dices porque tú no haces nada, sólo te pasas colgado a ese poste, pero deberías vivir un día aquí abajo, tratando de conseguir algo para comer o huir de los cazadores. Eso sí que es diferente, sobrevivir más que vivir.
–    Puede ser, pero tu vida tiene más cosas interesantes y espléndidas como para que te quejes.
–    Mira cabeza de trapo, tú no sabes nada de mi vida.
–    Oh sí, claro que sí. Te veo cada día desde que sales de tu pequeña guarida, veo como caminas entre el trigal, cuando te echas a tomar una siesta, desde aquí todo se puede ver.
–    Entonces, además de entrometido eres un fisgón.
–    Nada de eso amiguito, sólo quiero que entiendas que la vida no es sólo como tú la ves. Hay otras cosas, otra óptica que puede cambiar ese sentimiento de vacío que tienes.
–    ¿Y como qué? ¿Acaso eres un genio o un mago encerrado en un traje viejo relleno de paja?.
–    No nada de eso; pero sí te puedo decir que soy alguien que ve lo que tú no ves. Para un espantapájaros la vida podría ser un sufrimiento total, en medio de un campo, abandonado e ignorado por todos, temido por muchos, solitario y sin nadie con quien hablar; a la intemperie, expuesto al sol y la lluvia, al viento; al frío y al calor.
–    De qué vida me hablas si te tratan tan mal. Yo por lo menos tengo una cueva donde refugiarme y puedo caminar por el campo. No te entiendo.
–    A eso me refiero, que la vida es de acuerdo a la óptica que tienes, si ves todo lo que tienes y lo bueno que ha sido Dios contigo, siempre tendrás un motivo de alegría, pero si sólo te dedicas a ver lo malo, lo mediocre y lo rutinario de la vida, es muy probable que te vuelvas un amargado; que nada tenga sentido y que no encuentres paz.
–    Creo que comienzo a entender lo que quieres decir.
–    Yo, por mi parte, sí es verdad que tengo una vida solitaria; pero desde aquí, desde las alturas, puedo ver lo que otros no. Puedo contemplar la grandiosa mano del Creador por todos lados, puedo ser un espectador de primera fila de las tormentas, del amanecer, de los atardeceres y de cada flor que se abre o planta que crece. Puedo ver a cada criatura vivir y caminar, sentir y destilar risas. Puedo ver mucho más de lo que ves en el suelo. No soy un desdichado, soy rico por disfrutar de lo que sí puedo hacer y no me lamento por lo que no puedo.
–    Ahora sí creo que entendí. Buscaré un lugar alto donde poder ver las cosas desde otra perspectiva, de una forma que no vea la bajeza del medio sino la belleza de las alturas.

Author nel

Argentino, nacido el 01 de agosto del '77, obvio! 1977. Casado con Esther Logacho. Padre de Ariel David, nuestro pequeño León de Dios y de Lucas Nicolás el que Resplandece. Ambos son nuestro mayor tesoro. Trabajo como misionero en Quito Ecuador desde el año 1999 y en 2006 fundé Comisión Juvenil, una misión evangélica que tiene el sueño de entrenar a jóvenes en diferentes áreas de ministerio en la iglesia local para fundar nuevas iglesias. Amamos a Dios profundamente y nos dedicamos a Él por completo. Comparte sus reflexiones en su blog personal www.notansimple.com desde 2011. Hoy trabaja en LA BIBLIA DICE y Vamos Juntos coordinando eventos y contenidos de estudios, devocionales y recursos bíblicos digitales.

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