Matar sueños con hechos

By 6 abril, 2016Blog

La idea de hacer un análisis sobre la situación de los jóvenes en las comunidades cristianas no es para hacer una crítica solamente sino, para buscar un camino por el que podamos dar  sentido al identificarse con Cristo, a ser reales en su estilo de vida que los lleve a moverse por convicciones y no simplemente para complacer a los demás. (ver art. Juventud, Hechos y sueños)

En primer lugar tenemos que cambiar la perspectiva del liderazgo, muchas veces vemos según nuestros deseos y con el color que queremos darle a nuestro ministerio y no con los valores y necesidades de los jóvenes, según sus capacidades y tendencias entendiendo sus pensamientos y dudas sobre la vida, sobre la fe y Dios mismo.

Algunos tratamos de encajonar a nuestros jóvenes en un sistema lleno de formalismos con el que fuimos criados en la época de los 80, donde no existían los DVD´s,  redes sociales;  nos ponemos en el plano tonto de pensar que los accesorios y la etiqueta hacen a la santidad y vivencia personal con Dios. Nos olvidamos que el Señor mira más allá de las apariencias y de lo que ve el hombre.

Pero yendo a la parte práctica de esto debemos dar oportunidades y estrategias a cada uno, donde puedan hacer algo para Dios e identificarse con su fe de una forma real y no tan maquillada de religiosidad.

  • Evangelismo: dejemos de predicar un evangelismo de muerte donde pareciera que toda la vida cristiana comienza cuando mueres y vas al cielo. Desde la pregunta que hacemos: ¿cuándo te mueras a dónde vas a ir? Deberíamos predicar un evangelio como el de Cristo: “Dios se ha acercado y quiere darte vida abundante”, sí, vas a pasar la eternidad en el cielo. La cuestión es cómo vas a transitar tu camino por este mundo influenciado por el pecado. La realidad de ser cristiano no es cuando estemos en el cielo, es cómo mostramos a Cristo aquí en la tierra.  Para lograr esto debemos invertir en cursos y talleres sobre cómo presentar un evangelio dinámico y propuestas atractivas tanto para los que van a presentar el mensaje como para los que van a recibir, usar todos los medios tecnológicos posibles e involucrar a cada persona de la iglesia en estos proyectos.
  • Amor a la Palabra: permitir espacios de debates y cuestionamientos sobre la fe, la iglesia y la Biblia, de este modo guiar a que el estudio bíblico no sea solamente un discurso o cátedra eclesial sino un desafío a ver lo que realmente dice Dios. Escuchar los intereses de los jóvenes sobre cómo estudiar y qué aprender. Pensamos que enseñarles sobre doctrina de la iglesia es lo que necesitan saber, en realidad ellos a veces tienen curiosidades sobre esas zonas grises donde no hay mención explícita de Dios. Estas zonas grises se pueden aliviar a través de una experiencia íntima con Dios Agotando sus dudas ellos también estarán dispuestos a escuchar nuestras propuestas y enfoques.
  • Jóvenes de vanguardia: si bien ellos tienen toda la fuerza, el ímpetu y las ganas de hacer la obra de Dios, muchas veces luchan con sus propios problemas y desánimos que al final de cuentas les lleva a pensar que no son buenos, ni valiosos e incapaces de hacer algo para Dios. Debemos afirmar su identidad en Cristo y sus convicciones en la visión de Dios para el mundo, entonces habremos de jóvenes que tendrán herramientas efectivas para involucrarse en la obra de Dios.
  • Adoradores: la adoración está mal entendida, muchos creen que una experiencia sensorial y vibrante es adorar, llegar al llanto prepara el corazón para escuchar la voz de Dios. Pero es muy opuesto a lo que enseña la Biblia en Colosenses 3:16: “la abundancia de la Palabra de Dios en nosotros nos mueve a adorar”. La adoración debe ser un estilo de vida, una forma de conducirnos, cómo hablamos, qué pensamos, cómo actuamos no solamente si tenemos un buen grupo de música en la iglesia. Así que debemos dar una guía a cómo saber elegir entre lo santo y lo profano, entre lo justo y la mentira, entre lo leal y lo siniestro. Que nuestros jóvenes al ver una propuesta del mundo sepan que eso los llevará por un camino amargo y elijan vivir para Dios; eso es una vida de adoración.
  • Siervos: esto va relacionado con lo anterior, si bien la realidad es la deserción de hermanos en los ministerios y el escaso apoyo económico a la obra; el principio espiritual sigue siendo el mismo: “donde está tu tesoro, estará tu corazón”. Mientras tengamos nuestra mente y corazón en nuestros propios planes y deseos, nuestras relaciones y posesiones jamás podremos tener un interés sincero y comprometido con el servicio, todo se transformará en una carga y una tarea por cumplir pero no un deseo que arda en nuestros corazones. Debemos contagiar este espíritu en la vida de los demás.
  • Iglesia creciente: una de las grandes causas de la falta de crecimiento en las iglesias es la poca visión de fundar nuevos testimonios, muchos anhelan tener megas iglesias con miles de miembros y varias reuniones, perdiendo muchas veces la posibilidad de conocer a sus miembros. La visión de crecimiento debe ser exponencial, si abriéramos varias iglesias pequeñas podríamos alcanzar a más en varios sectores y sus familias. Crear programas de ayuda social y comunitaria enfocado en niños y adolescentes, ser un referente social más que una entidad religiosa; podemos impactar creando un servicio interdisciplinario con las especialidades de nuestros hermanos en la iglesia, como médicos, ingenieros, odontólogos, abogados, maestros entre otros que puedan ayudar a los que están alrededor de nuestro local.

No está mal tener sueños y apuntar a cosas mejores pero debemos tener una visión objetiva de nuestra realidad eclesial, debemos entender que hay necesidades y trabajar en eso, que es fundamental, para alcanzar las metas propuestas.

Comencemos por establecer una visión y misión clara y práctica de la iglesia, por tener programas adecuados según el sector donde servimos, según nuestras capacidades y situación económica, ser más amigables con los vecinos y más incluyentes con los jóvenes. No se trata de ser irreverentes ni alocados, sino ser más humildes y sensibles como Cristo, en sí, ser el cuerpo de Cristo no jueces de los demás.

Author nel

Argentino, nacido el 01 de agosto del '77, obvio! 1977. Casado con Esther Logacho. Padre de Ariel David, nuestro pequeño León de Dios y de Lucas Nicolás el que Resplandece. Ambos son nuestro mayor tesoro. Trabajo como misionero en Quito Ecuador desde el año 1999 y en 2006 fundé Comisión Juvenil, una misión evangélica que tiene el sueño de entrenar a jóvenes en diferentes áreas de ministerio en la iglesia local para fundar nuevas iglesias. Amamos a Dios profundamente y nos dedicamos a Él por completo. Comparte sus reflexiones en su blog personal www.notansimple.com desde 2011. Hoy trabaja en LA BIBLIA DICE y Vamos Juntos coordinando eventos y contenidos de estudios, devocionales y recursos bíblicos digitales.

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